Descubre cómo hacer pastas de té con solo mantequilla, leche condensada y harina. Receta fácil, rápida y deliciosa, perfecta para principiantes.
Si te gusta la repostería fácil, rápida y sin complicaciones, esta receta de pastas de té se va a convertir en tu nueva favorita. En casa las hacemos a menudo, sobre todo cuando apetece algo dulce pero no queremos complicarnos demasiado. ¡Y además son perfectas para acompañar una taza de té o un buen café!
Aunque esta receta es deliciosa tal cual, puedes hacer pequeñas variaciones para adaptarla a tus gustos:
Estas pastas aguantan perfectamente durante una semana si las guardas en un bote hermético, lejos de la humedad. También puedes envolverlas en papel celofán y regalar en bolsitas individuales. ¡Son un detalle bonito y casero!
A media tarde, con una taza de té chai, o un café con leche. Me encanta sentarme un rato, poner música tranquila y disfrutar de un par de estas galletas sabiendo que están hechas por mí, con ingredientes sencillos y sin aditivos raros.
Una de las cosas que más me sorprendió la primera vez que hice estas pastas fue lo bien que quedan con tan pocos ingredientes. Muchas veces pensamos que para hacer unas buenas galletas hay que tener una despensa llena de productos específicos, pero esta receta es la prueba de que con lo justo y necesario también se pueden conseguir resultados deliciosos.
Además, es una receta ideal para hacer con niños. Como no hay que usar huevos ni ingredientes crudos peligrosos, y la masa es muy manejable, pueden amasar, dar forma y decorar sin problemas. ¡Y les encanta ver cómo sus galletas caseras se hornean y luego comerlas todavía templadas!
Otro punto fuerte es que, como no llevan conservantes ni aditivos, te aseguras de que estás comiendo algo más natural que muchas de las galletas industriales que encontramos en el supermercado. Y eso, hoy en día, se agradece mucho.
Por si fuera poco, estas pastas también son muy versátiles en presentación. Puedes mojar la mitad en chocolate fundido, espolvorear con azúcar glass cuando estén frías, o incluso añadirles una pizca de canela o nuez moscada a la masa. Todo depende de lo que te apetezca en ese momento.
Si tienes una merienda con amigos o simplemente quieres darte un capricho dulce sin complicarte, esta receta es una apuesta segura. Y lo mejor: el resultado es tan bonito que nadie pensará que sólo has usado cuatro ingredientes básicos.

En un bol mezcla la mantequilla con la leche condensada. Procura que la mantequilla esté blanda.
Mezcla la harina con la levadura y añádelos al bol tamizando

Empieza mezclando con una cuchara y termina con las manos, hasta que obtengas una masa lisa. Forma un rulo, envuélvelo en papel film y congela unos 15 minutos
Corta el rulo en rodajas de medio centímetro de grosor aproximadamente.
Ponlas en la bandeja de horno y hundelas un poco por el centro si quieres ponerles mermelada después

Hornea a unos 170 grados centígrados no más de 15 minutos. Ten cuidado de que no se quemen.
Tal cual están riquísimas, pero si quieres, puedes ponerles un poco de mermelada en el hueco que les hemos hecho.
· Saca la mantequilla un buen rato antes para que esté blanda, no derretida.
· Estas galletas no crecen mucho en el horno, así que puedes darles la forma definitiva desde el principio.
· Puedes congelar la masa en rulos envueltos en film, y cortar en rodajas cuando quieras hornear.
Si buscas más postres fáciles y deliciosos prueba el dulce de chocolate, o este irresistible helado si el tiempo acompaña!
Si las preparas, me encantaría que me lo contaras en los comentarios. ¿Te han salido bien? ¿Has hecho alguna variante? ¿Te gustaría que publicara más recetas así de fáciles?
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