Gratinado de patata y berenjena cremoso, dorado y lleno de sabor. Una receta fácil y reconfortante hecha con nata, mantequilla y verduras que se deshacen en la boca. Te cuento la historia, versiones, trucos, conservación y mucho más para que te quede perfecto.
Hay platos que se sienten, que llegan a la mesa calientes, burbujeantes, con ese aroma que te hace cerrar los ojos un segundo antes de servirte. Este gratinado de patata y berenjena cremoso es exactamente así.
Es el tipo de receta que preparo cuando quiero algo sencillo pero especial, algo que no necesita acompañamientos complicados, algo que se basta sólo para convertir una comida normal en una comida que se recuerda.
Es ese plato que llevas a la mesa y, de repente, todo se vuelve un poco más lento, más tranquilo, más cálido.
La combinación de patata y berenjena es una de esas parejas que funcionan de maravilla sin hacer ruido. La patata aporta suavidad, la berenjena, esa textura casi sedosa cuando está bien hecha. La nata lo une todo y la mantequilla hace que el gratinado quede dorado y con ese toque irresistible.
Cuando lo preparo siento que es un plato que invita a sentarse, a charlar, a comer despacito. Y eso, en estos tiempos rápidos, es casi un lujo.
Los gratinados llevan en Europa más tiempo del que imaginamos. La técnica de gratinar consiste en cubrir un plato con una capa que se dora al calor directo del horno, y empezó siendo un recurso para aprovechar restos y darles un toque más apetecible.
Este método se popularizó especialmente en Francia, donde encontramos recetas históricas como el gratin dauphinois, hecho con patata y nata, que es probablemente el precursor de muchos gratinados modernos. No llevaba queso en su origen, aunque hoy casi todo el mundo se lo pone. La idea base era muy similar a nuestro plato: finas capas de patata cocidas lentamente en nata hasta quedar tiernas y doradas.
La berenjena, por su parte, se incorporó al mundo del gratinado siglos después, cuando la hortaliza llegó a Europa desde oriente.
Su textura suave y su sabor delicado encajaron de maravilla en platos al horno, y pronto empezaron a aparecer recetas que la combinaban con leche, mantequilla, tomate o huevo.
Nuestro gratinado de patata y berenjena es una mezcla preciosa de tradición:
-el mimo francés del gratén.
-la sencillez mediterránea de la berenjena.
-y ese toque casero y cálido que le damos en nuestras cocinas.
Es un plato humilde pero con historia. Un plato que no necesita complicaciones para ser profundamente reconfortante.
Si las rodajas son gruesas, tardará mucho más en cocinarse.
La nata y la mantequilla ya aportan mucho sabor.
Marcará la diferencia en la cremosidad.
El limón o incluso un poco de vinagre blanco equilibran la riqueza del plato.
No es una receta para prisas. El horno lento es lo que transforma los ingredientes sencillos en algo memorable.
Añade una capa fina de cebolla pochada entre las capas. Queda increíble.
Romero, tomillo, orégano o albahaca pueden cambiar totalmente el perfil del plato.
Puedes sustituirla por leche evaporada, o una mezcla de leche y un poco de queso.
Usa solo un chorrito de nata y el resto leche.
Añade curry suave, cúrcuma, o un toque de pimentón.
Un puñado de láminas salteadas dan un sabor profundo y terroso.
También queda espectacular como plato único en una cena tranquila.
Guárdalo en un recipiente hermético o cubierto. Se conserva bien de dos a tres días.
Para calentarlo, usa el horno o la freidora de aire. El microondas reblandece la textura.
Sí puedes congelarlo, aunque la textura de la patata cambia un poco. Si lo haces, congélalo sin gratinar.
Cuando vayas a comerlo, añade la nata final y gratina en el momento.
Corta porciones frías y caliéntalas en la sartén con un poco de aceite.
Mezcla con un poco de queso y tendrás una cena rápida.
Pon una cucharada en un plato, añade un huevo encima y hornea.
Si se deshace mucho, lo trituras y tienes un puré delicioso.
La patata aporta energía limpia y mucha saciedad.
La berenjena es rica en antioxidantes y fibra.
La nata y la mantequilla en esta receta no buscan ser ligeros, buscan ser reconfortantes, y en platos así, ese papel es fundamental.
Es un plato completo y equilibrado cuando se acompaña con una ensalada o una proteína ligera.
Gratinado de patata y berenjena cremoso, dorado y lleno de sabor. Una receta fácil y reconfortante hecha con nata, mantequilla y verduras que se deshacen en la boca.

Corta las berenjenas en rodajas finas.
Sálalas ligeramente y déjalas reposar unos minutos para que suelten el amargor.
Después enjuágalas y sécalas bien.

Pela las patatas y córtalas en rodajas finitas.
Cuanto más finas, más cremoso quedará el gratinado.
Puedes usar un cuchillo o una mandolina si quieres precisión

En un cazo, mezcla la nata con la mantequilla, sal, y pimienta.
Calienta hasta que esté caliente pero sin hervir.
Este paso es clave. La nata caliente ayuda a que las capas se unan y se cocinen de forma uniforme.

Engrasa la fuente con aceite.
Coloca una capa de patata, una de berenjena, y ve alternando
Repite hasta llenar la fuente.
La última capa, si puede ser de patata, queda más bonita al gratinar. Pon el queso rallado por encima.

Hornea a 180 grados durante unos 40 minutos.
El gratinado debe quedar tierno por dentro y dorado por fuera.
Es importante dejarlo reposar 10 minutos para que las capas se asienten y al servir no se deshaga.
Sí, pero la textura cambia. Puedes usar leche evaporada.
Sí, con nata vegetal y margarina, aunque el sabor será distinto.
No es obligatorio, pero mejora muchísimo el resultado.
No. Esta receta es para horno.
Este gratinado de patata y berenjena es sencillo, humilde y maravilloso. Es cremoso, suave, dorado y lleno de sabor. Un plato de esos que no necesitan presentación, llega a la mesa y conquista solo.
Ojalá te animes a prepararlo y te dé esa sensación de hogar que a mí me regala cada vez que lo hago.
Cuéntame cómo te queda o si tienes alguna versión tuya, me encantará descubrir tus trucos.