Aprende a preparar saladitos caseros con distintos rellenos fáciles y deliciosos. Una receta versátil, perfecta para celebraciones, o para picoteos con sabor de hogar.
Hay recetas que te sacan una sonrisa incluso antes de probarlas, los saladitos caseros son una de esas pequeñas maravillas que llenan la cocina de olor a recién hecho y la mesa de alegría.
Son fáciles, rápidos y muy agradecidos, además, se adaptan a todo: puedes hacerlos para una cena informal, un cumpleaños, una tarde de picoteo con amigos o, simplemente, para acompañar una sopa o una ensalada.
Cada vez que los preparo me doy cuenta de que no hay nada como el sabor de lo hecho en casa. Y si encima los rellenas con cariño, el resultado no puede fallar.
Para mí, la masa de hojaldre es la reina de los saladitos. Es ligera, crujiente y combina bien con casi cualquier relleno. Pero si te apetece probar algo distinto, también hay opciones caseras o más rústicas, que dan resultados deliciosos.
La forma más práctica es comprar una masa de hojaldre refrigerada o congelada, preferiblemente de mantequilla. Aporta un sabor más rico y una textura más hojaldrada.
Si prefieres hacerla tú misma, sólo necesitas harina, mantequilla muy fría, sal y agua. Es un proceso sencillo pero que requiere un poco de tiempo para reposar y plegar la masa. Si nunca lo has probado, puede ser una experiencia muy gratificante.
Cada una aporta su toque, así que elige la que más te apetezca según el día.
Hacer saladitos en casa es tan fácil que cuando los prepares una vez, repetirás seguro.
El olor que se queda en la cocina mientras se hornean es una maravilla.
Aquí viene la parte más divertida. Los rellenos son el alma de los saladitos, y hay tantas combinaciones como ganas tengas de experimentar.
El hojaldre necesita calor alto desde el principio para subir bien.
Un poquito basta. Así no se abrirán y mantendrán la forma.
Puedes espolvorear semillas de sésamo, amapola, orégano o queso rallado antes de hornear, para darles un toque especial.
Así el aire circula y se hornean de manera uniforme.
Aunque se pueden conservar, recién horneados son una delicia.
Si te sobran (que lo dudo), guárdalos en una caja metálica o en un recipiente hermético cuando estén completamente fríos. Aguantan bien dos o tres días a temperatura ambiente.
Si quieres prepararlos con antelación, puedes congelarlos antes de hornear. Colócalos en una bandeja, mételos al congelador y, cuando estén duros, guárdalos en bolsas. Luego solo tienes que hornearlos directamente, sin descongelar, unos minutos más de lo habitual. También puedes congelarlos ya horneados y recalentarlos en el horno a baja temperatura, para devolverles el crujiente.
La presentación es parte del encanto. Sirve los saladitos en una bandeja bonita o en una tabla de madera. Si los rellenos son variados, colócalos en grupos, y usa pequeñas etiquetas o palillos decorativos para diferenciarlos.
Acompáñalos con una salsa casera: una mayonesa con mostaza, un alioli suave, una salsa de yogur, o un toque de pesto funcionan genial.
Saladitos caseros con distintos rellenos fáciles y deliciosos. Una receta versátil, perfecta para celebraciones o picoteos con sabor de hogar.
Si usas hojaldre refrigerado, sácala unos minutos antes para que no esté demasiado fría. Si es casera, estírala con un rodillo sobre una superficie ligeramente enharinada.
Divide la masa en tiras , añade una pequeña cantidad de relleno en el borde (no te pases, que luego se sale).
Enrolla la masa

Este paso es clave. El huevo batido les da ese color dorado tan bonito y apetecible.
Corta cada tira de hojaldre rellena en cuadraditos
Coloca los saladitos sobre una bandeja con papel vegetal y hornea a 200 °C durante unos 15-20 minutos, o hasta que estén dorados.Sí, puedes pintarlos con leche o un poco de mantequilla derretida. Quedarán menos dorados, pero igual de ricos.
Recién hechos son insuperables, pero aguantan bien un par de días si los guardas bien tapados.
Sí, quedan muy bien. Reduce un poco la temperatura (180 °C), y el tiempo de cocción a unos 10-12 minutos.
Depende del sabor que busques. El mozzarella funde bien, el emmental aporta un sabor suave y el queso azul da un toque más potente.
Por supuesto. Hay masas de hojaldre sin gluten que funcionan perfectamente para esta receta.
Porque son fáciles, bonitos y versátiles. No hay dos iguales, y cada uno puede tener un toque distinto. Además, son ese tipo de recetas que unen, que te hacen compartir momentos y disfrutar de lo sencillo.
Me gusta prepararlos para una cena improvisada o para llevar a casa de alguien. Siempre triunfan. Pero, sobre todo, me encanta que sean una receta viva, que puedes adaptar a tu gusto y al de quienes te rodean.
Hacer saladitos caseros es una de esas cosas que parecen pequeñas, pero que te llenan de satisfacción. Son rápidos, sabrosos y te permiten jugar con los sabores.
Así que la próxima vez que te apetezca algo salado, no lo dudes: saca una masa, abre la nevera y crea tus propios bocaditos. Disfruta del olor a recién hecho, de la textura crujiente y del momento de compartirlos.